© Fundación Livia y Ricardo Miravet. 2019.

Ronda Castillo 3, 12312 Todolella

Castellón, España

“‘¡Seré artista o nada!’, me conjuré,

y lo he cumplido”

Víctor-M. Amela

26 de enero de 2019

Ricardo Miravet, organista y señor del castillo de Todolella

Tengo 89 años. Nací en Córdoba (Argentina) y vivo en Todolella (Castellón). Soy viudo, hace poco me dejó mi dama, Livia. Tengo un nieto argentino. ¿Política? Respeto a la cultura. ¿Dios? Soy agnóstico, siendo el cristianismo la mejor de las religiones. He restaurado mi castillo

Sólida sillería, almenas, patios, torres... el castillo de Todolella se dora al sol desde hace siete siglos, recortado en el alto cielo dels Ports de Morella. Ahí vive un sabio extraordinario, que lo ha salvado de una segura degradación. Miravet acaba de donar su amado castillo al pueblo de Todolella (118 habitantes), del que es alcalde desde el año 2015 (PSPV-PSOE), mediante un acuerdo con la Generalitat Valenciana: percibirá una pensión y constituirá la Fundación Livia y Ricardo Miravet, para convertir los mil metros cuadrados del castillo en centro cultural (conciertos de música, exposiciones, seminarios...) y librarlo de un destino comercial. Una lección de cultura y sensibilidad.

 

¡Ah del castillo!

¿Quién va?

Un heraldo de los lectores.

Empuje el portón y ascienda la rampa en zigzag.

Hermoso patio... Con su pozo de agua...

Es el viejo patio de armas, empedrado con guijarros de río. Y vea esta arquería gótica.

 

Airosos arcos.

Una morada con arcos denotaba título nobiliario del dueño.

¿De qué época me habla?

De la reconquista cristiana, desde mediados del siglo XIII en Els Ports y el Maestrat.

¿Fueron tierra de moros?

Sí, desde el siglo VIII. La torre vieja de este castillo se alza sobre una alquería islámica fortificada. ¿Quiere entrar?, ¿subimos?

Sí, sí, gracias. ¿Cuántas torres hay?

Tres, una de ellas inconclusa desde el siglo XV... que yo culminé en los años sesenta.

Lo dice con orgullo.

Sí, porque he respetado el alma del castillo, lo he restaurado cómo fue construido, cómo quiso ser: hoy es el castillo mejor preservado de todo el viejo Reino de Valencia.

¿Qué sabe de sus antiguos moradores?

Blasco de Alagón gana Morella para Jaume I en 1232, y concede Todolella al oficial Pedro Cervera..., y de sus descendientes será este castillo por 700 años, hasta el año 1940.

¿Qué pasó en 1940?

Por disgustos de la Guerra Civil, el marqués de Llanera lo vendió a un vecino del pueblo.

¿Qué historias guardan estos muros?

Tienen dos metros de espesor... Y su devenir ha sido tranquilo, salvo cierta noche de 1320: en esa alcoba, el noble Francesc de Vinatea mató a su esposa, la bellísima na Carbona.

¿Por qué?

La sorprendió en el lecho conyugal con su escudero, Domènec d’Aquis. Los apuñaló a los dos. El rey le exculpó, pero le quitó el castillo. Lo recuperará un hijo de Vinatea.

¿Y cómo se hizo usted con el castillo?

Un día de 1964 llegué aquí con Livia, mi esposa, lo vi... ¡y nos enamoró!

¿Venía usted desde muy lejos?

De ascendencia barcelonesa, nací en Argentina, pero vivía en París: era maestro organista de la capilla Saint Germain-Auxerre...

¿Ha sido usted intérprete de órgano?

Aún cada domingo toco el colosal órgano barroco de la basílica arciprestal de Morella, en la misa. Y en esta sala toco cada día. Y el clavicordio. Y el piano de cola. Y llevo compuestos 700 introitos...

¿Cómo se le ocurrió venir hasta aquí?

Enamorado de la cultura española, rastreaba las raíces de mi apellido: deriva de morabito, ermitorio de monjes guerreros islámicos... Y hay topónimos Miravet por aquí...

¿Cómo estaba el castillo cuándo lo vio?

Un metro de mierda se acumulaba en sus salas: era una granja de pollos, y de cerdos. Mi esposa y yo nos miramos... y lo compramos por 450.000 pesetas del año 1966.

Era dinero.

El precio de un sueño. Tras decenios de sacrificios y desvelos..., el castillo está a salvo.

¿Ha merecido la pena?

“¿Para qué quiere usted tanto casalicio?”, me preguntó el vendedor, intrigado. “¡Por el placer de restaurarlo!”, contesté. A los 15 años había restaurado un viejo órgano..., ¡y aquel placer me hizo organero y organista!

¿Cómo era usted de jovencito?

A los seis años vi a Rafael Alberti recitar un poema de Antonio Machado en el Casal Català de mi ciudad natal... Me impresionó. “¡Seremos artistas o nada!”, me conjuré con mi hermano... Y él fue pintor y yo músico: con 20 años ya daba conciertos de órgano...

¿Era también artista su esposa?

Científica puntera, investigó la fisiología del hueso. Tras Marie Curie, fue la primera mujer en Francia en dirigir un instituto oficial de investigación. Y era muy culta y sensible.

¿Cuándo se instalaron en este castillo?

Tras años de ir y venir, nos jubilamos y nos quedamos aquí en los años noventa. ¿Ve el tapiz de la pared? ¿Y estas cortinas, con motivos de hierbas aromáticas del terreno...?

¡Una preciosidad!

Pues las bordó Livia, aquí... Yo componía y tocaba... Nos despertábamos juntos cada mañana y nos mirábamos: el sol en la ventana, el silencio ensordecedor... Nuestro sueño ¡era real! ¡Vivíamos en nuestro castillo!

Una vida cumplida y feliz.

Amo la historia, el arte, la belleza, el medioevo, el renacimiento, los viejos grabados, los órganos, la música, Bach... ¡Si existe Dios, es una fuga de Bach! Y los tapices, los bargueños, los libros antiguos... Aquí tengo 6.000 libros, incluida una primera edición del Quijote... Lo tengo aquí todo... excepto a Livia...

Falleció a causa del alzheimer, hace un año y medio... Descansa muy cerca de mí, en el camposanto del pueblo, aquí abajo...

 

Lo siento... Y, por tener de todo, ¿tiene este castillo su fantasma, también?

¿Ve esa silla de enea? La saqué del desván de una masía abandonada, maldita, cerca de aquí. Nadie se atrevía a tocarla. Dicen que se sentaba un viejo que maldecía a todos... Un día cayó en el castillo un rayo y resquebrajó todas las baldosas en torno a la silla, ¡sin tocarla! Yo me llevo muy bien con el fantasma.