© Fundación Livia y Ricardo Miravet. 2019.

Ronda Castillo 3, 12312 Todolella

Castellón, España

Livia Vicenta Férgola

Argentina
 

Livia Vicenta Férgola nació el 9 de marzo de 1926 en Villa María, una ciudad Argentina de la provincia de Córdoba. De familia modesta, tercer hijo de un matrimonio que tendrá cuatro, la pequeña tuvo que luchar para tener un lugar en el seno de la familia.
 

La mayor también es mujer, impetuosa y bella, adulada por la familia; y poco tierna con su joven hermana, como tampoco lo es con sus otros dos hermanos. Es un varón el segundo, así como el benjamín. Livia y sus hermanos se sostendrán mutuamente ante la intransigente hermana mayor.
 

Situación difícil para la joven Livia; lograr el respeto será complicado y guardará siempre un recuerdo desagradable de sus relaciones con esta hermana, a cuyo socorro vendrá, años después, para sacarla de la calle.
 

El padre fallece cuando ella solo cuenta con catorce años y es su hermano mayor que abandona sus estudios para contribuir a las necesidades de la familia. En la familia nadie se plantea que su madre o la hermana mayor trabajen. Livia es brillante y continúa valientemente sus estudios. Es luchadora, guardando siempre una inmensa bondad, como lo demostrará durante toda su vida.
 

De familia católica y creyente, Livia sigue este camino hasta su adolescencia. Sin embargo, se alejará poco a poco de la fe, tal como la iglesia católica la propone, para guardar solamente la esencia del mensaje cristiano: tolerancia, confraternidad, amor al prójimo, bondad. Estos serán los principios firmes que Livia aplicará a lo largo de su vida.

 

Inteligente y despierta, leerá mucho y se forjará conocimientos literarios que harán de ella, poco a poco, una verdadera erudita. Pero es hacia la medicina que se dirigirá la joven. Quizá es ya su humanismo que está en el origen de esta elección. Acudirá a la prestigiosa Universidad Nacional de Córdoba, a costa de grandes sacrificios. En efecto, Villa María está situada a 150 kilómetros de Córdoba y la joven no tendrá los medios económicos para alojarse cerca de la universidad. Tendrá que tomar, en medio de la noche, el autobús que, en aquella época unía las dos ciudades en varias horas. Era agotador pero persistirá hasta finalizar la carrera. En 1951, será el año de los grandes acontecimientos para Livia, pues obtiene su diploma terminando entre los cinco mejores alumnos de su promoción y encuentra al hombre de su vida.

El joven y brillante organista, Ricardo Miravet se enamora apasionadamente. El amor embarga a la joven médica y en pocos días, la pareja será inseparable, a pesar de la reprobación de la familia de Livia. No dudará un segundo, hará su maleta e irá al encuentro de su enamorado para unirse por toda la vida. Livia dispone de una beca obtenida con su diploma y Ricardo Miravet, por su parte, acaba de ganar, por concurso una beca para continuar sus estudios en París. Tienen sed de aprender y tanto uno como el otro, están dispuestos a todos los sacrificios para ser reconocidos, cada uno en su arte.

La joven pareja se embarcará en Buenos Aires a bordo del "Bretagne", transatlántico semi-mercante, a comienzos del mes de octubre de 1952 y tras múltiples escalas, Montevideo, Río de Janeiro, Dakar, Argelia y por fin Barcelona, que visitarán guiados por un desconocido, ciudad que los maravillará. y desembarcarán el 28 de octubre en la costa francesa, en Marsella.

Francia

Luego París, en tren. Ya hace frío, nieva. Ricardo, aunque había estudiado francés, no comprenderá ni una palabra pronunciada por la gente que los rodea: ¡hablan tan rápido!

El comité de recepción de estudiantes extranjeros, les instala en un hotelito del boulevard de "Grenelle", el metro aéreo pasa cerca de la ventana. El golpe es duro para la joven pareja que no obstante, logrará encontrar un hotel, igualmente modesto, pero más reconfortante, en el centro del barrio latino, en la calle del poético nombre "Git-le-Coeur" (yace el corazón).

Livia Miravet revalidará su diploma de medicina y completará sus estudios con un doctorado de biología en la facultad de ciencias de la "Sorbonne". Encontrará rápidamente empleo en varios hospitales y laboratorios.

La joven posee además un sésamo, una carta de recomendación que le ha entregado uno de sus profesores, Antonio Oriol Anguera, titular de la Cátedra de fisiología de la Universidad de Córdoba (Argentina) que ya había apreciado su talento. Esta carta estaba destinada al Doctor André Lichtwitz, el médico personal del General De Gaulle, pero sobre todo, el que acaba de fundar el Centro de Metabolismo Fosfocálcico en el Hospital "Lariboisière".

Livia será nombrada Agregada de Investigaciones e integrará el laboratorio y la Unidad 18 "Investigaciones sobre el Metabolismo Fosfocálcico", cuya dirección ella asegurará años más tarde.

Su primera publicación la realizará en 1955 y a partir de este momento, cada año, Livia va a publicar artículos realizados en compañía de los más grandes investigadores de este dominio: André Lichtwiz por supuesto, pero también, Roger Parlier, Stanislas de Séze, Désiré Hioco y tantos otros. Una gran amistad ligará la pareja Miravet a André Lichtwitz y su esposa.

Fuertes amistades se forjaron en esos años, especialmente con Marcelle Gruson, responsable del servicio de investigaciones sobre los reguladores cálcicos en el seno de la Unidad 18, y que será una amiga fiel a lo largo de toda la vida.

Tras sus comienzos acerca de los aspectos clínicos de la reumatología, Livia orientará sus investigaciones sobre las enfermedades metabólicas óseas, osteoporosis, osteomalacia...

Trabajará sin descanso, apasionada por sus investigaciones, ascenderá todos los grados hasta ser nombrada en 1978 Directora de la Unidad 18 del INSERM (Instituto Nacional de Salud e Investigaciones Médicas) cargo que ocupará hasta 1991. Ha sido una de las escasísimas mujeres que se incorporaron en su día en la dirección de institutos oficiales de investigación científica en Francia, tras la pionera Marie Curie, lo cual da pie a dimensionar la talla científica de esta mujer humilde.

Agraciada de una estupenda prestancia, Livia Miravet despertará siempre el respeto y la admiración de quienes la frecuentaron al punto que algunos de ellos la calificaron: "Ella daba un alma al laboratorio".

Humanamente próxima de los miembros de su equipo, Livia estará siempre a la escucha de las interrogaciones; de los problemas profesionales o personales de sus colaboradores. En su mayoría, las publicaciones científicas de Livia Miravet, serán internacionales, pero también nacionales ya que su fin será, además de avanzar la investigación, el de proveer igualmente una ayuda a los médicos encargados de curar a los pacientes.

Todas las investigaciones de Livia estarán relacionadas sobre los mecanismos reguladores de la fisiología ósea.

Sus trabajos serán presentados en diferentes revistas y congresos internacionales. Entre los más prestigiosos congresos, Livia intervendrá en Davos, Washington, New-York, Kobe, etc.

Livia continuará como directora de esta unidad hasta que suena la hora de la jubilación en 1991. Ésta será dolorosa. Siempre despierta, activa, apasionada por su trabajo, este paro brutal tendrá un gusto muy amargo.

Felizmente, muchas otras actividades la apasionan. Livia adorará Paris desde su llegada, recorrerá sus calles, museos, exposiciones, librerías. Leerá muchísimo, filosofia, ensayos, poesía, literatura antigua, moderna, española y francesa. Siempre será insaciable en su sed de conocimientos. También está muy dotada para los trabajos manuales, sus amigos venidos de todas partes del mundo elogiarán su cocina y sus bordados en los que empleó tantas horas de trabajo.

Tejidos de todo tipo que transformará en magnificas colchas, cortinas majestuosas, manteles inmensos y los complementos correspondientes. Pues, hay que decirlo, Livia y Ricardo tienen una pasión común: el amor al patrimonio. Ya en 1966, se compran un castillo medieval en el corazón del país Valenciano, a 1300 kilómetros de París y cuya restauración ocupará todo el tiempo libre de los esposos.

Livia va a coser y bordar para decorar las inmensas habitaciones del castillo. Horas y horas de un trabajo minucioso. Poco a poco, Paris se revelará muy lejos de esta morada que se convierte en su casa principal, Livia querrá, no sin pesadumbre, mudarse definitivamente al pequeño pueblo de Todolella, y será una nueva partida, la última.

España

Hace ya muchos años que la pareja ha comprado este castillo. La morada necesitará inmensos esfuerzos de restauración y Livia se consagrará a la obra con el coraje que la caracteriza. Limpieza, reparación de objetos, compra de mobiliario antiguo, decoración. Durante años, contribuirá ampliamente a dar a este monumento su esplendor actual. Será su casa y allí acogerá familia, amigos venidos de todos los horizontes, colegas, artistas y músicos.

Extranjeros acompañados de sus amigos, todos recibidos como amigos de siempre, pues, hay que decirlo, Livia Miravet, como su marido, es una

humanista. Nada le importa más que la relación con el prójimo, compartir las riquezas, la tolerancia, el acceso a la cultura, único

medio para salir de la ignorancia y opresión. Livia, que no tendrá hijos, a pesar de su gran deseo, ayudará intelectual y financieramente a algunos jóvenes adolescentes que gracias a sus esfuerzos, podrán continuar sus estudios.

Siempre mantendrá su entusiasmo por los encuentros y dará lo mejor de sí en sus relaciones, sin preocuparse de un eventual reconocimiento.

También tendrá una gran tolerancia con los errores de los demás. Sus juicios serán a veces inapelables cuando la decepción es demasiado grande, pero siempre sin ningún reproche se alejará simplemente.

Livia Miravet falleció el 10 de junio de 2017, fulminada por la enfermedad de Alzheimer. Hasta sus últimos instantes, Livia Miravet me dirigirá sus sonrisas más dulces, apretando sus manos entre las mías, mientras su mirada se alejaba poco a poco, llevando su consciencia a lo inaccesible.

Catherine Beauvalet